About this episode
La tinta me hipnotiza. Hay cosas a las que soy incapaz de renunciar. No niego que me encanta la tecnología, y por eso la busco, y disfruto con los avances que consigues tantas mentes avanzadas a las que admiro, y no os digo nada cuando podemos aplicar a nuestro día a día grandísimos desarrollos tecnológicos que, en su origen, jamás pensamos que podríamos tener en nuestras manos.
Sin embargo, me es imposible decir “no” a algo tan simple pero tan bello y complejo a la vez como es la tinta.
Bienvenidos a YslaMac y a mi #report de este caluroso mes de julio. Hoy seguiremos explorando el fascinante universo de las estilográficas y todo lo que las rodea.
Soy Lorenzo, #elAlmirante en de #LaYslaDeLosMacnificos y hoy nos sumergiremos en el corazón de la escritura con pluma: las tintas. Sí, ese fluido mágico que da vida a nuestras palabras, que transforma un simple trozo de papel en una obra de arte, un recuerdo, una idea. Desde sus humildes orígenes hasta las innovaciones más vibrantes de hoy, este “elemento” tiene una historia tan rica y colorida como los propios matices que nos ofrece.
Los orígenes de la tinta
Las primeras “tintas” eran mezclas muy básicas. Imaginen, hace miles de años, nuestros ancestros experimentando con hollín, savia de plantas, extractos de bayas y minerales triturados, mezclados con agua o aglutinantes naturales como la goma arábiga.Pero la verdadera revolución llegó con la tinta ferrogálica, también conocida como “de nuez de agallas”. Esta maravilla, que dominó el mundo occidental durante más de un milenio.
La invención de la estilográfica moderna a finales del siglo XIX trajo consigo un nuevo conjunto de desafíos y oportunidades para la tinta. Las ferrogálicas eran demasiado corrosivas para los nuevos sistemas de alimentación de las plumas. Se necesitaba algo más fluido, menos abrasivo y, a ser posible, con más variedad. Así nació la tinta a base de colorantes.
La que se realiza a base de