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La civilización etrusca prosperó en el centro de la península itálica desde la Edad del Hierro hasta aproximadamente el siglo IV a.C. Los antiguos griegos los conocían como “Tyrrhenoi” y los romanos como “Etrusci”, fue de estos últimos de quienes hemos tomado el nombre. Los etruscos poseían una cultura muy sofisticada en distintos campos, desde el arte hasta el urbanismo pasando por la tecnología y la ingeniería. Influyeron de forma decisiva en el ascenso de Roma, pero tanto su historia como su lengua y sus orígenes siguen siendo un misterio.
El origen de los etruscos ha sido objeto de un intenso debate durante más de dos mil años. Heródoto, en el siglo V a.C., dijo que eran emigrantes que habían llegado desde la lejana región de Lidia, en Asia Menor, capitaneados por un personaje mítico, el príncipe Tirreno. Para alguien como Heródoto el refinamiento etrusco solo podía provenir del civilizado oriente mediterráneo. Siglos más tarde Dionisio de Halicarnaso habló de ellos cuando ya habían desaparecido asegurando que eran un pueblo autóctono de Italia, una teoría apoyada por los estudios genéticos recientes. Los análisis de ADN antiguo de doce yacimientos arqueológicos demuestran que compartían perfil genético con las poblaciones itálicas vecinas. Eso descarta de plano una migración desde Anatolia. Su contacto con griegos y fenicios a través del comercio marítimo explica las influencias orientales en su cultura y que llegasen a estar tan avanzados.
La lengua etrusca no era de origen indoeuropeo y constituye otro misterio. Aunque usaban un alfabeto derivado del griego, su vocabulario y gramática permanecen en gran parte sin descifrar. Hay unas 13.000 inscripciones conocidas, pero son fundamentalmente epitafios. Los lingüistas han descubierto que se trataba de una lengua aglutinante, pero la falta de textos más extensos limita mucho que se pueda avanzar en este ámbito.
Se organizaban en una suerte de confederación de ciudades-estado gobernadas cada una de ellas por las aristocracias locales. Esta descentralización provocó continuas rivalidades que debilitaron su defensa frente a otras potencias. Su sociedad, fuertemente jerarquizada, otorgaba un estatus anormalmente elevado a las mujeres. Las etruscas, a diferencia de las griegas, participaban habitualmente en banquetes y en ceremonias religiosas, un rasgo que influyó posteriormente en la sociedad romana. Su economía se basaba en la agricultura, la metalurgia y el comercio marítimo. Controlaban las principales rutas del mar Tirreno, pero su comercio iba mucho más allá porque sus productos eran muy demandados en lugares como Grecia o Chipre.
La religión etrusca era politeísta y fatalista. Estaba muy influenciada por la mitología griega. La trilogía de Tinia, Uni y Menerva, equivalentes a Júpiter, Juno y Minerva, condensaba las tres deidades principales, pero había muchas más. En lo que brillaron con luz propia fue en la adivinación. Los arúspices y augures etruscos gozaban de gran prestigio, tanto